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Afortunadamente a nuestros hogares llega el agua potable, pero... ¿Es
la más saludable? ¿Tiene buen sabor? ¿Huele bien?
Vertidos industriales, productos empleados en la actividad agraria y
ganadera, metales pesados, el exceso de cal, los subproductos de la desinfección
del agua, etc. llegan en cantidades apreciables hasta nuestros grifos.
Dado que todas estas substancias no parecen ser necesarias para la vida,
y en mayor o menor medida pueden poner en riesgo nuestra salud, se han
desarrollado diversas tecnologías para depurar el agua de la red
y eliminarlas.
Para cada uso del agua existen distintas necesidades, tenemos así tres posibilidades:
AGUA PARA BEBER Y COCINAR - AGUA SANITARIA - AGUA PARA LA DUCHA
- Al agua para beber y cocinar -ingesta-, se le eliminan los contaminantes del
agua destinada exclusivamente para beber, cocinar y lavar los alimentos
(habitualmente entre 3 y 5 litros por persona y día). Con distintas
sistemas se consigue agua de diversos grados de calidad, obteniendo
con las dos primeras tecnologías agua de pureza generalmente
igual o superior a la de las aguas envasadas.
Básicamente existen tres tecnologías: ósmosis inversa, depuración
al vapor o destilación y filtros de carbón activo.
- Para el agua sanitaria, es decir toda el agua de la casa, existen los sistemas anti-cal. Bien
para eliminar la cal (descalcificadores),
o bien para que ésta sea menos incrustante (sistemas
antiincrustantes), ambos acondicionan toda el agua que precisamos para
nuestro uso sanitario (habitualmente entre 150 y 200 litros por persona
y día). Se conectan inmediatamente después de la llave
general de entrada de agua en la casa.
- El agua de la ducha, la acondicionaremos mediante unos filtros de carbón activo especiales, con substancias que impiden la proliferación bacteriana.
Estos filtros evitan los vapores de cloro y otros gases volátiles, impidiendo así su efecto sobre la piel, los pulmones y a menudo sobre nuestro maltratado sentido del olfato.
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